Nulidad Matrimonial – Breve Curso

INTRODUCCIÓN

En este breve Curso sobre la nulidad del matrimonio, nos situamos en el contexto de la realidad de matrimonios que ya han recorrido la experiencia –generalmente difícil, dolorosa y quizás hasta traumática- de la separación de vida conyugal y del proceso de divorcio.

DivorcioEste breve curso constituye el tema final de todo un programa de acompañamiento basado en el libro “Sanando las heridas del divorcio”[1], en el que un número de personas en esa situación de divorcio consumado legalmente, han llevado un itinerario a manera de terapia psicológica-espiritual, donde se han tocado aspectos relacionados con ese proceso de matrimonio-separación-divorcio, entre los cuales: Negación, Rechazo, Miedo, Pesar, Ira, Vergüenza, Culpa, Hijos, Finanzas, Parientes, Soledad, Amistad, Intimidad, Salir con alguien nuevo, Autoestima, Perdón, Renuncia.

El presente curso pretende exponer principalmente la realidad canónica -jurídica, desde el Derecho eclesiástico- del Contrato/Pacto del Matrimonio entre los bautizados, y algunas de las Causas que desde el Derecho Canónico –El Derecho de la Iglesia- por las cuales el Consentimiento entre los contrayentes no produjo el efecto jurídico/sacramental del Matrimonio entre bautizados.

La presente exposición tiene como destinatarios directos e inmediatos a las personas que ya han pasado por el itinerario de: Celebración del Matrimonio/Separación definitiva/Divorcio. Aunque también se convierte en un material de cultura canónica –de Derecho eclesiástico- para todas las personas interesadas en el tema.

El objetivo primero es, pues, dar algunas luces a quienes, ya divorciados, pretendan llevar a las instancias eclesiásticas correspondientes –los Tribunales eclesiásticos- su Libelo/Solicitud/Petición formal para que se estudie su caso matrimonial, y si procede conforme a Derecho, se declare nulo e inválido el matrimonio contraído. Y, en caso de que la Sentencia definitiva declare nulo el Matrimonio en el caso particular y, en el supuesto de que el Tribunal eclesiástico declare a una o a ambas Partes (él y/o ella) libres para contraer matrimonio eclesiástico con otra persona distinta de aquella de quien se le declaró nulo el matrimonio, pueda, si así lo decide, contraer un matrimonio válido y saludable, como sería de desear en un futuro.

MATRIMONIO VÁLIDO: CONTRATO Y SACRAMENTO

Todo matrimonio celebrado entre bautizados, realizado conforme a las normativas canónicas y litúrgicas de la Iglesia, es válido mientras no se de pruebe lo contrario, y la certeza jurídica de que consta o no consta la nulidad del matrimonio de que se trató en el correspondiente proceso judicial, se tiene mediante dos Sentencias conformes entre sí, emitidas, la primera, por el Tribunal de Primera Instancia y la segunda por el Tribunal de apelación o de Segunda Instancia.

El canon n. 1060 del Código de Derecho Canónico[2], afirma el principio medular de la validez del Matrimonio celebrado eclesiásticamente: “El Matrimonio –Pacto/Sacramento- goza del favor del derecho; por lo cual, ante la duda se está a favor del matrimonio, mientras no se pruebe lo contrario”. Y “lo contrario” solamente puede ser probado mediante un Proceso de nulidad matrimonial, que define la situación jurídica del Matrimonio: Consta o no consta de la nulidad del Matrimonio en el Caso, es decir, que es solamente la Autoridad competente de la Iglesia la que decide y define si un Matrimonio en concreto es nulo o no. La pregunta que el Tribunal se hace es: ¿Acaso consta la nulidad del matrimonio contraído entre X y Y?….”. La respuesta a tal pregunta se obtiene con la doble Sentencia de los Tribunales eclesiásticos de Primera y de Segunda Instancia.

Todo matrimonio válido contraído entre bautizados es al mismo tiempo Contrato –es decir, realidad jurídica normada y regulada por el Derecho Canónico- y Sacramento –es decir, realidad espiritual, signo de la Alianza de amor entre Dios y su Iglesia-.

El pacto matrimonial por el cual un hombre y una mujer instauran entre sí un consorcio para toda la vida, ha sido elevado por Cristo –entre bautizados- a la dignidad de Sacramento (Cfr. Código de Derecho Canónico, canon 1055&1). Por lo cual, entre bautizados no puede existir contrato válido sin que sea al mismo tiempo sacramento (Cfr. Cic canon 1055&2).

EL CONSENTIMIENTO ENTRE LOS CONTRAYENTES HACE EL MATRIMONIO

 

El Matrimonio –contrato/Sacramento- lo produce el consentimiento legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles (Cfr. Cic canon 1057&1).

El consentimiento matrimonial es el acto de la voluntad, por el cual el hombre y la mujer, con un pacto irrevocable, se dan y se reciben mutuamente para constituir el matrimonio. (cic canon1057&2).

El Pacto/Sacramento matrimonial, para ser válido, ha de estar libre de impedimentos canónicos y de vicios/defectos graves que afectan sustancialmente al acto del Consentimiento, mismo que requiere de ser emitido legítimamente y entre personas hábiles canónicamente; la voluntad de los contrayentes debe ser verdadera, es decir, que el Consentimiento matrimonial ha de ser emitido, además de en conformidad con las normativas litúrgicas emitidas por la Iglesia, también entre personas suficientemente libres, capaces jurídicamente de emitir un Consentimiento válido.

En resumen, para que el Contrato/Sacramento matrimonial sea válido, los contrayentes, al momento de emitir el consentimiento matrimonial, además de cumplir con las normativas litúrgicas propias del Rito, han de tener suficiente conocimiento, libertad y consciencia, capacidad de emitir el Consentimiento, con el suficiente conocimiento sobre la naturaleza del Matrimonio –que es un Sacramento con el que los contrayentes se vinculan entre sí para toda la vida, lo que implica tener el suficiente conocimiento y aceptación de la doble finalidad del Matrimonio (el bien de los cónyuges, así como la procreación y educación de los hijos; así como el suficiente conocimiento y aceptación de las propiedades esenciales del Matrimonio (la unidad y la indisolubilidad), (cfr. Cic cann. 1055-1056) que gocen de la suficiente discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y recibir (cfr. Cic canon 1095,1º); que sean capaces psicológicamente de asumir las obligaciones esenciales del Matrimonio.

MATRIMONIOS NULOS E INVÁLIDOS

Un matrimonio es inválido, y por lo tanto nulo, cuando al momento del Consentimiento alguno o ambos contrayentes:

a) Están afectados por algún impedimento invalidante (es decir, que no haya recibido la correspondiente dispensa por parte de la Autoridad eclesiástica competente). (cfr. cánones 1073-1094).

b) Carecen del suficiente conocimiento de la naturaleza del Matrimonio (Pacto/Sacramento), así como de su doble fin (bien de los cónyuges; procreación y educación de los hijos) y de las propiedades esenciales del mismo (unidad e indisolubilidad). (Cfr. cánones 1055-1056).

c) Cuando (cfr. canon 1095)

  • Carece(n) de suficiente uso de razón
  • Está(n) afectados por un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y obligaciones esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar o recibir.
  • Por causas de naturaleza psíquica no puede(n) asumir las obligaciones esenciales del matrimonio.

d) Nnn

Tanto los impedimentos invalidantes, así como los defectos y vicios que invalidan el Consentimiento matrimonial o los defectos, vicios o trastornos que incapacitan a las personas para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio, han de estar presentes al momento de emitir el Consentimiento matrimonial.

La nulidad o no de un Matrimonio se define mediante el Proceso de nulidad matrimonial, regido por el Derecho Canónico y se lleva a cabo en los Tribunales eclesiásticos, que son los únicos que tienen la potestad de hacerlo, debido a que el Matrimonio por la Iglesia es regido por el Derecho de la misma Iglesia e independiente del Pacto matrimonial civil, cuya instancia para declarar la nulidad o el divorcio (disolución) del Contrato del matrimonio civil, son los Tribunales propios, es decir, el fuero civil (cfr. cánones 1671-1673).

LA OCASIÓN PARA INICIAR UN PROCESO DE NULIDAD MATRIMONIAL

Hemos dicho antes que todo Matrimonio –eclesiástico: Pacto/Sacramento, se presume válido, pues el Matrimonio goza del favor del Derecho y  la duda de su validez –o la sospecha o presunción fundada de su invalidez- abre la ocasión de presentar ante el correspondiente Tribunal eclesiástico el Libelo –Solicitud/Petición- del consiguiente Proceso de nulidad matrimonial (cfr. canon 1060).

Esta sospecha o presunción de invalidez de un Matrimonio en particular, generalmente se suscita sólo una vez que una vida o convivencia conyugal han fracasado y han llegado por lo menos a separaciones temporales infructuosas, y/o a la separación definitiva, y/o a la consumación del divorcio, y/o los separados/divorciados han dado paso a una nueva unión de hecho o a un nuevo matrimonio civil y que no exista posibilidad real de reconciliación entre los ya divorciados.

No basta, para introducir la nulidad de un Matrimonio, la mera separación temporal ni aún la definitiva de los cónyuges. Para que el Tribunal eclesiástico emita Sentencia de Nulidad, es absolutamente necesario que exista también el Acta de divorcio.

Para que el Tribunal eclesiástico emita Sentencia de nulidad matrimonial, no basta el fracaso de la vida matrimonial sino que se requiere que existan verdaderas y probadas causales jurídicas de nulidad matrimonial consideradas por el Derecho canónico (Matrimonios celebrados existiendo impedimentos invalidantes, vicios o defectos del intelecto o de la libertad y voluntad tales que hayan viciado sustancialmente el Consentimiento matrimonial.

Ciertamente, entretanto que la vida conyugal sea llevadera y no lleve al fracaso de la convivencia de los cónyuges, no se da motivo o sospecha ni de hecho ni de derecho sobre la probable nulidad del Matrimonio. Es cuando la vida conyugal se ha hecho del todo insoportable e incluso haya sucedido la separación definitiva y/o el divorcio, cuando un Matrimonio en particular es objeto de sospecha de su validez.

¿ES ACONSEJABLE INTRODUCIR EL PROCESO DE NULIDAD MATRIMONIAL?

Dadas las circunstancias de una vida conyugal no sólo difícil, sino gravemente dañada y/o llegados a una separación definitiva y/o al divorcio, y coexistiendo la imposibilidad de reconciliación y/o la grave inconveniencia de volver a reanudar la vida conyugal por la gravemente deteriorada relación interpersonal entre los esposos –para ellos y para los hijos- y/o la fundada presunción de peligros contra la vida y la salud de las personas –cónyuges y/o hijos), no está solamente permitido, sino seriamente recomendada, la también definición de la situación jurídica del matrimonio contraído por la Iglesia.

Dadas las razones y motivos que sugieren, aconsejan y recomiendan la introducción del proceso de nulidad matrimonial y ya expuestos en el párrafo anterior, también, el mero fracaso de la vida matrimonial que se expresa ya sea en la mera separación definitiva con la existencia o no del divorcio, es recomendable y aconsejable que las personas en esa situación acudan a recibir consejo y asesoría en vistas a un posible proceso de nulidad matrimonial, con personas cualificadas en la materia: un sacerdote, el párroco, el Tribunal eclesiástico, dejando  sin embargo en claro, que solamente se podrá emitir una Sentencia de nulidad existiendo ya antecedentemente el Acta de divorcio y la imposibilidad de reconciliación entre los cónyuges.

¿CÓMO INTRODUCIR UN PROCESO DE NULIDAD MATRIMONIAL?

 

El primer paso, es elaborar el Libelo (Petición/Solicitud) de nulidad matrimonial ante el Tribunal eclesiástico por parte de la Parte (cónyuge) interesado. Ese Libelo consiste en la puesta por escrito de los datos de protocolo y las respuestas del historial de la relación de los que contrajeron matrimonio.

Ese formato del Libelo a presentar, se obtiene directamente en las oficinas del Obispado, en el departamento del Tribunal eclesiástico, que en nuestra ciudad de León se encuentra en la calle Pedro Moreno #312, planta baja. Se pueden pedir informes tanto para asesoría de información sobre el Proceso así como para elaborar el Libelo, en ese domicilio, con las Notarias del Tribunal y/con los Jueces que allí laboran.

¿QUIÉNES PUEDEN INTRODUCIR UNA PETICIÓN O LIBELO DE NULIDAD MATRIMONIAL?

A) Sólo los cónyuges, cada uno separadamente, uno solo de ambos o ambos conjuntamente, pueden introducir ante un Tribunal eclesiástico el Libelo de nulidad matrimonial, pues son los únicos que tienen “interés jurídico” para hacerlo, es decir, nadie más que ellos, y sólo ellos, están habilitados por el Derecho canónico para introducir y someter a proceso judicial eclesiástico su Causa de nulidad matrimonial (cfr. can. 1674,1º).

B) También puede hacerlo el Promotor de Justicia, dadas las condiciones y circunstancias que indica el mismo canon 1674, 2º.

[1] BARBARA LEALHY SHLEMON, Sanando las heridas del divorcio. Una guía espiritual para la recuperación”,

[2] En Adelante: cic

P. Ramón Martínez Cardoso c.o.
Agosto de 2016

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