¿Demasiada Misericordia?

Referirnos a la Misericordia de Dios es mucho más que indicar Su Misericordia como una mera cualidad divina, o como una más entre las innumerables cualidades de Dios.

La Misericordia en Dios es el Ser mismo de Dios, es Su Esencia, es Su Substancia, es Su naturaleza misma. La Misericordia en Dios es Su Ser, Su Existir y Su Actuar. Dios Es Misericordia, Existe como Misericordia y Actúa desde su Misericordia.

Misericordiosos como el Padre

Cuando el libro de una entrevista que un periodista le hace al Papa Francisco se titula: “El Nombre de Dios es Misericordia”, en realidad lo que se quiere decir es que Dios es Misericordia, de modo que a Dios se le llama por lo que es; Dios se llama por Su Esencia, Su Existencia, Su Obrar, Su Naturaleza. De modo que ponerle a Dios un nombre, en este caso, Misericordia, es pronunciar su Ser mismo. Así como en el libro del Éxodo 3,15 cuando Dios le revela a Moisés Su Identidad diciendo “Yo soy el que Soy” está diciendo que a Él no se le puede encerrar en un nombre al modo como cada uno de nosotros tenemos un nombre propio; nos llamamos con un nombre que nos identifica y nos distingue, pero ese nombre no dice nuestra esencia, no contiene nuestro ser ni indica nuestra naturaleza personal ni nuestra esencia, sino que en nosotros el nombre que llevamos es convencional, circunstancial, externo. Nosotros no somos nuestro nombre, no dice en realidad quiénes somos en nuestra verdadera y propia identidad, existencia, naturaleza y actuar. Tanto es así que podemos cambiarnos el nombre mediante un trámite administrativo y aun con otro nombre seguimos siendo la misma persona, pues el nombre no nos define en nuestro ser.

Decir que el Nombre de Dios es Misericordia es indicar que todo El Es Misericordia, Existe como Misericordia y Obra desde su Ser Misericordia.

Referirnos a la Misericordia de Dios, es también, mucho más, pero mucho más que una devoción, una imagen, por muy propagada que esté actualmente. De modo que es pobre el lenguaje cuando decimos, por ejemplo: “Yo soy devoto del Señor de la Misericordia”, lo que en realidad podría decirse más adecuadamente: “Yo creo en Dios que es Misericordia”.

La Misericordia de Dios es eterna. Así lo encontramos expresado en distintos lugares y momentos de la Sagrada Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Y está perfectamente dicho, porque Dios es Eterno y El es Misericordia, entonces aunque distinguimos lingüísticamente Dios y Misericordia, sin embargo podríamos decir más clara y precisamente: Dios=Misericordia. Decir Dios y decir Misericordia es decir lo mismo. Entonces, queda muy entendido que la Misericordia de Dios es Eterna, es decir, que Dios/Misericordia es eterno pues son la misma realidad divina.

Puesto que Dios existe desde siempre y para siempre, la Misericordia divina existe de la misma manera: desde siempre y para siempre.

Así, decir “Dios” es decir “Misericordia”; decir “Misericordia” –con mayúscula- es decir “Dios” mismo.

De este modo, siempre que en la Sagrada Escritura encontremos “Dios” y sus distintas maneras de ser nombrado o referido, podemos substituir “Dios” por “Misericordia”; “Elohim” por “Misericordia”; “Yahveh” por “Misericordia”. Todo ello está en perfecta concordancia.

Podemos hacer un ejercicio de esto en los dos primero capítulos del Libro del Génesis, y a partir de ahí podremos referirnos a Dios como Misericordia en todo el Antiguo y Nuevo Testamento.

Demos un paso más desde lo ya asentado antes.

Siendo como lo es, que la Misericordia es el Ser mismo, la Esencia y la Substancia misma de Dios; siendo que Dios Es, Existe y Actúa desde Su propia naturaleza divina y ésta es la Misericordia, y por lo tanto la Misericordia/Dios es eterna, es, existe y actúa desde siempre, la Misericordia originaria de Dios se expresa como Su Benevolencia, Su Magnificencia, Su Magnanimidad. La primera obra o acción inicial de Dios Misericordia “ad extra”, es decir, hacia fuera de Su Vida,  Existencia y Acción intradivina, fue la Creación misma.

Es decir, que si bien es cierto, como lo es, que la Misericordia de Dios es obra de redención, de salvación, de curación, de perdón, de reconciliación como respuesta compasiva a favor de la humanidad a partir del pecado original y los pecados actuales de cada uno en particular y de la humanidad en general, sin embargo, la Misericordia divina es primera, inicial y fundamentalmente obra de Misericordia expresada en la acción creadora y, por lo tanto, antecedente e incondicionada a la existencia del pecado que provocó en Dios la Acción Segunda de su Misericordia en la obra de la redención que se hace, a partir del pecado original, “Historia de la Salvación”. Antes del pecado original la historia de la relación Dios con la humanidad no era historia de salvación todavía. Esta empezó a partir de la necesidad de redención.

Pero antes de que hubiera un pecado y un pecador que requirieran de Misericordia divina interviniendo como perdón, rescate, curación, redención, salvación, purificación, ya la Misericordia divina estaba actuándose, realizándose, expresándose, manifestándose, en forma de Benevolencia pura, antecedente e incondicionada a la obra de la redención. Era toda obra creadora participante de la pura Verdad, Bondad, Belleza del Ser, existir y actuar divinos. La Creación, con todo su esplendor que no alcanzamos a vislumbrar ni con nuestro mejor esfuerzo de intuición, es obra plena de la Misericordia, es la Misericordia benevolente, magnánima y magnífica de Dios.La Divina Misericordia

Dos textos de referencia para captar, percibir, intuir, tocar, contemplar y celebrar esta acción de la Misericordia como acción de pura participación de la Bondad y Benevolencia divinas al margen y no delimitada por la necesidad redentora, los encontramos en los dos primeros Capítulos del libro del Génesis y en el Salmo 8. Esto es lo que me da por llamar: La Misericordia en “Acto primero”, entendiendo esto como la intervención benevolente de Dios en la obra de la Creación en estado puro, como obra de participación de la Bondad, Verdad y Belleza libérrimas de Dios a sus Creaturas y en sus Creaturas. Esta obra de Misericordia divina no se cierra y no se acaba con la existencia del pecado original, sino que coexiste con la Misericordia en Acto segundo, es decir, la Misericordia de Dios como respuesta compasiva a la necesidad de perdón, de redención, de rescate, de curación, de salvación a favor del hombre a partir del pecado original.

La Misericordia en “acto Segundo”, que es la última que describimos en los dos últimos renglones y a la que nos hemos referido repetidamente, la encontramos en textos de referencia como son el tercero y cuarto capítulos  del Génesis y en el Salmo 50.

Una muy concentrada y rica referencia para encontrarnos con la Misericordia de Dios en algunas de Sus múltiples acciones y que incluyen pero no se agotan en la Misericordia del perdón de Dios, es la Secuencia de Pentecostés. Allí encontramos un ejemplo de la pluriforme, múltiple, variopinta, policrómica exposición de la Misericordia divina.

CONCLUSIÓN:

Esta manera de acercarnos a la Misericordia divina, o a Dios Misericordia, nos llena de estupor, de una estupefacción, de una fascinación por una intuición, percepción, captación, comprensión y experiencia mucho más rica, amplia, abundante y sorprendente de la obra Misericordiosa de Dios, que sí es obra de perdón, sí es obra de reconciliación, sí es respuesta al pecado y rescate del pecador por parte de Dios Misericordia, pero que no se agota allí, sino que Sus horizontes de acción están abiertos, no cerrados y que nos provocan una alegría, un estupor y una vivencia experiencial de la Misericordia más ancha, más alta y más profunda de lo que considero que estamos acostumbrados.

Dios en su Misericordia nos conceda experimentar, contemplar y beber de ese Pozo sin fondo, de esa Fuente desbordante que es Su Misericordia.

Que la Pascua nos envuelva en ese Archipiélago Misericordioso de Dios.

Muchas gracias.

P. Ramón Martínez Cardoso c.o.

Pascua 2016

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